Según la HISTORIA SECRETA DE LOS MONGOLES, Gengis Khan murió en 1227 al caerse del caballo en el transcurso de la campaña que libraba contra los Tangut; otras fuentes, sin embargo, atribuyen su muerte a la “insalubridad del clima”. El lugar del suceso tampoco está claro; pudo ser en la ciudad Tangut de Dörmegei, al sur de los montes Liupan, donde pasaba el verano, o en el distrito de Qinshui, provincia de Gangsu (China). Lo que sí parece cierto es que su cuerpo fue transportado a Mongolia y enterrado en algún lugar indeterminado.
Los Khanes mongoles eran enterrados en el más estricto secreto. Dicen que, para dejar irreconocible el lugar donde Gengis Khan fue inhumado, diez mil caballos pisoteraron la zona durante varios días. También cuentan que cuarenta doncellas de familias nobles fueron inmoladas para servirle en el más allá, que la comitiva que transportaba su cuerpo dio muerte a cuantos encontró en la ruta, o que los dos mil sirvientes que participaron en las exequias fueron pasados por las armas por ochocientos soldados que, a su vez fueron exterminados para borrar toda huella que delatara el posible paradero. Pero tan bárbaras presunciones no son más que un apéndice de la leyenda en torno a la proverbial crueldad de las hordas de Gengis Khan.
Sobre el emplazamiento de la tumba de Gengis Khan existen varias hipótesis. Hasta principios del siglo pasado se creía que podía estar enterrado en Ejen Qoroo, en la región de Ordos, donde en la actualidad se alza su mausoleo. Pero con el tiempo se ha comprobado que esta posibilidad respondo tan sólo a una mala interpretación de la verdadera finalidad de los “ocho ordos dorados” que albergaban algunas de sus pertenencias. La otra hipótesis (en la que se basan algunos arqueólogos y también los inevitables cazatesoros) sitúa el mausoleo en las cercanías del monte Burqan, en las fuentes del Tu’ula, Onon y Kelüren, en el actual macizo del Gran Henteii.
El hecho cierto es que nadie, hasta ahora, ha encontrado la tumba. Una de las últimas expediciones, emprendida por la Universidad de Chicago, anunció bombo y platillo que la había encontrado, pero lo que en realidad había descubierto no fue más que una necrópolis.
Los mongoles no ven con buenos ojos la reciente proliferación de expediciones arqueólogicas, empeñadas en descubrir la tumba de Gengis Khan. Pero los sustanciosos beneficios económicos que reportan a las arcas del estado son una razón suficiente para que el gobierno conceda autorizaciones para su búsqueda. El pueblo mongol considera estas incursiones un gran tabú o prohibición (yeke qorig), y equipara la posible exhumación de los restos del khan a la profanación de las tumbas familiares.Con información de ALTAIR


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